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La tecnología y la administración

Quiero hablar hoy de la administración pública, en concreto de la española, y de la aplicación de la tecnología en la misma. Es un artículo que llevo un tiempo pensando, pero por un motivo y otro, no me había animado a escribir.

España es un país con un cuerpo funcionarial, en su mayor parte, paleolítico, anclado en el inmovilismo y fuertemente reaccionario a cualquier cambio. Puede que sea esa la razón de la falta de colaboración entre administraciones, y también, del gran atraso a nivel tecnológico de las mismas.

No es de extrañar, dado que son personas que han realizado una oposiciones con el único objetivo de “tener un puesto de por vida del que no me pueden echar”. Cada cual tiene sus preferencias y su modo de ver las cosas, pero personalmente me parece una falta total de autosuperación y de retos personales. Pero lo dicho: cada cual ve las cosas a su manera.

Lo que de verdad me molesta, es que esa resistencia al cambio, a la colaboración o a la introducción de la tecnología, acaba afectando a los ciudadanos. Y somos los ciudadanos quienes tenemos que lidiar con una administración de una opacidad casi total. Una administración pública en la que nadie parece saber cómo funciona nada, “pero funciona”.

No sería la primera vez que voy a una oficina pública a preguntar cualquier información y me miran como si no entendiesen que idioma hablo. Y cuando salgo del edificio estoy con más dudas de las que entré. ¿Quién no ha sido atendido por un funcionario que ha tenido que levantarse de la mesa para preguntar algo de su trámite? Si es así dime tu secreto por favor.

Internet y los ministerios, mala mezcla

Y nos adentramos por la rama tecnológica. En la administración pública española parece que piensan que tener una web es algo muy moderno y muy necesario. No hay administración que no tenga web con dominio propio: hacienda, educación, INEM, oficinas de empleo regionales, etc. ¿Pero, has intentado hacer un trámite, por ejemplo, de una beca, en la web del MECD (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte)? ¡Misión imposible!

web del mecd

Para empezar, hay que encontrar el lugar correcto para hacer la solicitud (ya sea de una beca o del trámite que se desee). En el maremágnum de opciones, todas apelotonadas y entremezcladas, esto se torna bastante difícil. Por no hablar de las categorías en que se dividen los trámites: para un profano de la burocracia son tan descriptivas como “Categoría 1”, “Categoría 2”, etc.

Ah pero, ¡hay un buscador interno de la web! Un consejo personal: no intentes usarlo, de verdad, no es Google. Su ayuda será tan útil como si estuviera programado en chino. Y todo por el mismo motivo anterior: los nombres técnicos de los trámites no son los que utilizamos habitualmente.

Y es que, el crear una web, no implica que la administración sea necesariamente más moderna. Para ello, la web tiene que dotar a dicha administración de cierta comodidad, ayudando a evitar colas en la oficina de turno y agilizando los trámites al ciudadano. Sin embargo, aún cuando consigas acabar todo el trámite on-line de forma correcta, tu odisea no se ha acabado. Debido a no sé qué miedos, y a la incompetencia para implementar un sistema seguro, tendrás que imprimir tus papeles y llevarlos personalmente a la oficina de turno.

Esto no soluciona absolutamente nada: sigo teniendo que pedir horas en el trabajo para personarme en una oficina. Aún más, nos complica la vida: dado que no entendemos los entresijos de los trámites, nos resulta complicado rellenar el formulario correctamente, con el agravante de que no tenemos la posibilidad de preguntar a un funcionario qué quiere decir tal o cual parte.

Para ser una administración realmente moderna, es necesario eliminar el papel hasta el extremo. Y por muchos motivos: el papel es caro, es inseguro, es fácil de perder, es fácil de destruir… Si tenemos documentos digitales, mediante una implementación correcta de los procedimientos podemos garantizar la seguridad, privacidad, autenticidad y recuperación de cualquier documento perdido.

Los equipos de la administración

Pero no sólo me quedo con las páginas web. Los ordenadores de la administración y organismos públicos también son muy viejos en general. Y ésto no es malo (ahorro del dinero del contribuyente) salvo porque el software también lo es. No es nada extraño encontrar algún equipo de hospitales, hacienda, o de las oficinas de empleo con Windows 98… ¡o anterior!

La culpa de ésto es, como no, del software legado. Ese software desarrollado en un momento determinado, para un sistema determinado, y que no funciona en los sistemas más nuevos. Hay ejemplos a lo largo y ancho del mundo, como en Francia, donde un aeropuerto sigue funcionando con Windows 3.1. O los cajeros que funcionan con Windows XP.

El problema del software legado, viene de la dependencia de los sistemas propietarios. Cuando la empresa responsable de un sistema deja de dar soporte para el mismo, perdemos las actualizaciones. Ya no habrá parches de seguridad ni nuevas actualizaciones, lo que hace que el sistema deje de ser seguro. Incluso se pierden algunas funciones en las nuevas versiones del sistema. Así, el software que teníamos en el sistema anterior, puede no funcionar en el nuevo.

Con el software libre éste problema es mucho menos grave. También se pierden funciones entre versiones, pero es más raro. Y cuando se pierden, si se sigue utilizando dicha versión, siempre aparece alguien en la comunidad que desarrolla un paquete para suplir esa falta. De ésta forma, software antiguo sigue funcionando en equipos nuevos.

En muchos países ya están comenzando la migración hacia el software libre. Generalmente, se mueve hacia sistemas basados en GNU/Linux. El proceso es largo y difícil, pues conlleva una formación de empleados, migración de datos, sustitución de los programas que se utilizaban, etc.

Podría hablar también de la informática en la educación y los planes de estudios, pero eso es tema para otro artículo.

La falta de formación del funcionariado y de entendimiento de la tecnología por las autoridades, la falta de interés en optimizar los procesos administrativo, la inversión mal realizada y la lentitud en acoger los cambios, mantienen a España en una especie de prehistoria administrativa. El problema tiene mala solución, ya que no se consulta las decisiones con asesores capaces. Y cuando se hace, sus consejos son desoídos o reinterpretados como convenga.

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